El diputado Miguel Martínez, del PLRA por el departamento de Alto Paraná, volvió a estar en el centro de la polémica tras una entrevista concedida al programa “Así son las cosas”, emitido por Universo 970 AM-Nación Media y canal GEN. En medio de cuestionamientos por su conducta en la Cámara Baja, el legislador defendió con firmeza el uso de expresiones ofensivas hacia sus colegas, asegurando que forman parte de su “estrategia política” para despertar a la ciudadanía.
Durante la conversación, Martínez fue consultado por los pedidos de sanción en su contra, impulsados por legisladores colorados, tras sus reiterados ataques verbales. Lejos de retractarse, afirmó: “Todo es válido en esta causa”, y justificó el uso de términos como “colorratas” o “ciervos” como un recurso para “sacudir” al electorado, que según él permanece “adormecido” por un sistema de más de 70 años.
Martínez, quien se autodefine como “libertario”, sostuvo que su estilo responde a una visión política basada en la defensa de la propiedad privada, la libertad individual y la no agresión al semejante. Sin embargo, sus palabras y actitudes durante la entrevista parecieron contradecir esa última premisa. “La no agresión al semejante significa no mandarle preso, no perseguirle judicialmente”, dijo, omitiendo el carácter agresivo y descalificador de su propio lenguaje.
El diputado llegó incluso a comparar el uso de insultos con actos de corrupción, sugiriendo que sus expresiones son menores frente al supuesto robo de “cinco mil millones de dólares” que atribuye a otros actores políticos. “¿Qué te parece más agresión: decir ‘colorratas’ o robarle descaradamente a la gente?”, cuestionó al periodista.
Las declaraciones no solo profundizan la crisis de credibilidad del Congreso, sino que revelan una concepción errada del rol de un representante público. Confundir provocación con firmeza o agresión con valentía contribuye a erosionar el debate democrático y a justificar la violencia simbólica como parte del quehacer político.
Lejos de encarnar un pensamiento libertario, la postura de Martínez muestra una preocupante tendencia hacia el libertinaje verbal y una falta de comprensión sobre la responsabilidad institucional que implica ser legislador.





