La semana política paraguaya produjo un reordenamiento que abre una nueva coyuntura del Partido Colorado. Las críticas internas de Gustavo Leite y Nicanor Duarte Frutos, formuladas con tonos y propósitos propios, aceleraron una definición que el oficialismo colorado necesitaba. La aceptación de Pedro Alliana como precandidato de Honor Colorado fue una decisión oportuna que despeja incertidumbres y ordena con claridad el camino hacia el 2028.
El embajador en EEUU del gobierno paraguayo, Gustavo Leite criticó al gobierno y reivindicó la etapa cartista con una frase destinada a producir ruido. Nicanor, por su parte, sin funciones de gobierno pero parte del movimiento Honor Colorado, endureció sus cuestionamientos a Santiago Peña. Paradójicamente, esa cadena de intervenciones no debilitó la gravitación del vicepresidente, más bien produjo exactamente lo contrario: aceleró una definición que venía siendo reclamada por la propia dinámica del poder. Poco después de esa secuencia, Alliana respondió, desmarcó a Horacio Cartes de esas posiciones y terminó aceptando oficialmente la precandidatura presidencial de Honor Colorado.
Aquí aparece una clave de lectura que Max Weber ayuda a pensar con singular lucidez. La política no se mueve solamente por las intenciones declaradas de los actores, sino también por los efectos no buscados de sus acciones. Una intervención puede proponerse una cosa y producir otra. Una crítica puede nacer como presión, advertencia o pulseada interna y desembocar, sin que ese haya sido su propósito, en la consolidación de una nueva etapa. Eso fue lo que efectivamente ocurrió esta semana. Los cuestionamientos internos, en lugar de profundizar una crisis de indefinición, empujaron una decisión que volvió más nítido el mapa del oficialismo.
La política, además, tiene una vieja relación con el vacío, lo que la tradición clásica mencionó siempre como el horror vacui. En un movimiento gobernante, la indefinición prolongada tiene consecuencias. Genera rumores, alimenta operaciones, multiplica nombres y abre espacio para que la energía política se disperse.
En ese punto exacto apareció la decisión oportuna del vicepresidente de la república Alliana, estableciendo una nueva coyuntura, en la que el ordenamiento adquiere todavía más valor cuando se observa al adversario interno que tendrá enfrente. Arnoldo Wiens anunció en diciembre de 2024 que buscará nuevamente la Presidencia y ya desde enero de 2025 entró en modo campaña, con recorridos, apoyos y un trabajo territorial sostenido. Frente a una figura que hace tiempo decidió moverse como candidato, Honor Colorado no podía permitirse el lujo de administrar por demasiado tiempo una zona gris. La definición llega, por eso, en el momento adecuado. Evita que el oficialismo regale tiempo político y le devuelve un eje reconocible a su estrategia.
Lo central, entonces, no pasa por la mayor o menor estridencia de los críticos, ni por la ritualidad teatral bien conocida de la interna colorada. El dato decisivo es otro. Esta semana terminó de despejar los planes alternativos, redujo el margen para especulaciones sobre candidaturas paralelas y convirtió la sucesión presidencial del oficialismo en una discusión sin ambigüedades. Desde que Alliana asumió oficialmente la representación de Honor Colorado para el 2028, la política colorada oficialista quedó ordenada alrededor de un nombre. Eso no resuelve todo, porque ninguna candidatura resuelve por sí sola los desafíos del poder. Lo que sí resuelve es algo previo y fundamental: la necesidad de llenar a tiempo el espacio de conducción que una fuerza dominante nunca puede dejar librado a la vacío. El Trueno





